Practica Taichichuan: Cultiva tu salud, aumenta tu fuerza vital, aprende a defenderte

El taichichuan es un arte china milenaria. Conocer su verdadera historia es complicado, porque está llena de versiones contradictorias y leyendas que se confunden con la realidad.

Lo que está fuera de toda duda es que es un arte que aún hoy día se practica en todo el mundo. Nunca podrá uno entender lo que es el Taichichuan. Lo único que podrá entender es su propia práctica, a través de los monitores o maestros que escoja o se encuentre en su camino, y de su propia experiencia y reflexión.

En mi caso, mi experiencia con el este arte milenario es que es mucho más que aprender formas o coreografías, a pesar de que en muchos centros el taichi se reduce a eso.

Lo primero que hay que tener claro es que, según mi experiencia, el taichichuan es un camino de autoconocimiento, de atención hacia uno mismo, que abarca cuerpo y mente.

A diferencia de prácticas deportivas o artes marciales que se basan en movimientos mecánicos o el sacrificio y desgaste corporal, el taichichuan requiere suavidad, lentitud y sensibilidad para escuchar al cuerpo y descubrir lo que le hace bien y lo que no.

Por tanto, se trata de una herramienta excelente para cultivar la salud física y mental y la sensación de paz y bienestar.

Para conseguir eso, el taichichuan combina la realización de la forma de taichi, que es un ejercicio de meditación en movimiento y cultivo de la propiocepción y la autoconciencia, con ejercicios más específicos dedicados a corregir problemas posturales que pueden desencadenar en dolencias musculoesqueléticas, flexibilizar y fortalecer músculos y tendones, y masajear mediante estiramientos y ejercicios respiratorios los órganos internos (corazón, hígado, riñones, etc.).

Por otro lado, incluye ejercicios respiratorios que trabajan sobre el nivel cardiovascular, y ayudan a mejorar y prevenir problemas respiratorios y cardíacos.

Finalmente, también incluye ejercicios de meditación destinados a relajar la mente y el sistema nervioso, y mantenernos conectados a nuestras sensaciones corporales, el aquí y el ahora.

En un segundo nivel de aprendizaje, el taichichuan se convierte en mucho más que un sistema de salud integral. Este nivel consiste en familiarizarse con la sensibilidad que nos permite captar la energía que fluye por nuestro cuerpo y sus dinámicas (lo que se conoce como Qi, o Chi). En este segundo nivel la forma de taichi adquiere un mayor protagonismo y el objetivo es sentir la energía o Chii, y aprender a condensarlo en nuestro centro de gravedad. Este nivel de aprendizaje supone para el practicante un aumento en la sensación de energía y vitalidad, y un uso más eficaz y eficiente de esta energía. Todo esto son mucho más que palabras, y puede apreciarse en el día a día, con mejoras en la vida laboral, familiar, sexual, etc.

Yendo aún más allá de este segundo nivel, el taichichuan constituye en un tercer nivel de aprendizaje la mejor disciplina de defensa personal que he conocido. La concentración de la energía en el centro de gravedad es el primer paso para aprender a conectar con el centro de gravedad de futuros agresores, moviéndonos en armonía con él, pudiendo de este modo evitar de un modo eficaz los daños que pueden ocasionar determinadas agresiones a mano vacía o con arma blanca. Además, en este nivel avanzado el taichichuan trabaja aspectos psicológicos relacionados con el miedo y la ansiedad que deben gestionarse adecuadamente en estas situaciones, y también enseña el arte del golpeo particular y único de este arte (Fa Jin) en chino, y el uso de objetos de la vida cotidiana como ayudas para la propia defensa.

En definitiva, el taichichuan es para mí un arte que consiste en aumentar la sensibilidad y la conciencia del propio cuerpo, y permite, primeramente, mejorar la propia salud, en segundo lugar, aumentar la energía interior y optimizar el uso que se hace de ella, y finalmente nos enseña a defendernos y prepararnos psicológicamente para hacer frente a situaciones de agresión.