Los beneficios del taichi para la salud

Se dice popularmente que el taichi, como el yoga son buenos para la salud. Los argumentos que suelen darse es que evitan el sedentantarismo y ayudan a relajarse. Todo esto es verdad. Sin embargo, cuando uno practica taichi durante años y, lo más importante, intenta comprender la esencia de lo que practica, comienza a entender que los beneficios del taichi para la salud son prácticamente innumerables.

En este artículo, que no pretende ser exhaustivo ni mucho menos sobre la materia, se mencionarán solamente algunos de esos beneficios, que he tenido la suerte de poder experimentar en primera persona:

En primer lugar, los primeros conceptos que un estudiante de taichi debe aprender son los de relajación y enraizamiento. Estos conceptos se asumen a través de ejercicios destinados a fortalecer las piernas y relajar el tronco del cuerpo. Pues bien, estas prácticas implican la corrección postural del practicante, previniendo o aliviando dolencias musculares relacionadas con las tensiones acumuladas en la espalda y las cervicales, típicas de todo aquél que trabaja de pie o sentado muchas horas, o que coge peso a menudo (carga y descarga, etc.). Gracias a estos ejercicios he podido reducir muy significativamente problemas de lumbago que me acompañan desde los 20 años.

En segundo lugar, la relajación del tronco supone un masaje directo a los órganos internos a través del movimiento de onda generado por la columna vertebral. Este masaje interno ayuda a relajar la musculatura lisa y rugosa asociada a lo órganos internos, promoviendo su movilidad natural y buen funcionamiento. Además, es un excelente remedio para el estreñimiento, ya que estimula el funcionamiento de los intestinos. Por último, la fluidez del movimiento previene de problemas graves como los infartos de miocardio, o el cáncer de mama y de próstata.

En un nivel más profundo, en el que el practicante comienza a realizar ejercicios de meditación y respiración, se aprende a dirigir la energía y la atención a los riñones. Esto implica la estimulación de las glándulas suprarrenales, que regulan la producción de hormonas, catalizadores esenciales de las reacciones bioquímicas del cuerpo. En relación con esto, y de forma sorprendente, conseguí estabilizar un pequeño problema de hipotiroidismo, que parecía ir a más, y hubiera desembocado en una medicación de larga duración. Por suerte, no he tenido más problemas al respecto.

Gracias a la respiración profunda y abdominal que se adquiere con la práctica, también se consiguen prevenir e incluso superar problemas de índole cardiovascular y respiratorio (como el asma), o se consigue aumentar significativamente el fondo físico, pudiendo andar a un ritmo muy ligero sin notar que falta el aire.

Yendo aún más lejos, un practicante más avanzado empieza a trabajar la meditación taoísta, que es compleja y requeriría un artículo a parte para profundizar en ella. El caso es que esta meditación es ideal para abordar problemas sexuales (anorgasmia, eyaculación precoz, disfunción, etc.) y mejorarlos significativamente. De hecho, las terapias más avanzadas en terapia sexual no son más que simplificaciones del arte taoísta. Esta meditación también es una excelente herramienta para solventar problemas de energía y vitalidad, ya que regula los ciclos de sueño y vigilia, manteniéndonos despiertos y lúcidos cuando estamos despiertos, y relajándonos cuando toca dormir. Como se puede apreciar, también es excelente para combatir problemas de insomnio sin necesidad de hacerse adicto a pastillas.

Esta meditación tiene aún muchos más beneficios, de los cuales mencionaremos sólo dos. El primero es que ayuda a combatir problemas de ansiedad, que es uno de los motivos más frecuentes que conducen a alguien a un psicólogo. La meditación ayuda a situarnos en el aquí y el ahora, y nos permite dedicar nuestra energía a lo que nos rodea en cada momento, sin estar constantemente pensando en tareas o asuntos del pasado o el futuro.

Cuando el practicante llega aún un poco más lejos en su práctica, comienza a se consciente de los patrones fisiológicos y energéticos que hay detrás de sus emociones. De este modo, aprende a regular sus emociones delante de sus propios pensamientos y de los demás, sintiendo cuándo se van generando y gestionando esa energía emergente antes de que sea demasiado tarde y la emoción nos domine del todo. Ira, tristeza, miedo, etc., no dejan de sentirse (no se trata de convertirse en un robot), pero se sienten con tal nivel de sutileza que es mucho más fácil convivir con ellas y evitar que se adueñen de uno mismo, llevándolo a conductas y actitudes de las que luego se arrepentirá.

Finalmente, la práctica continuada y comprometida del taichi supone una elevación moral del espíritu, que ayuda a combatir lo que se conoce popularmente como falta de fuerza de voluntad. La unión de cuerpo y mente que se experimenta con la práctica ayuda al practicante a mantenerse fiel a sí mismo y ser fiel a sus principios, evitando arrepentimientos, o incoherencias entre su manera de pensar, sentir, y actuar.

Estos son sólo algunos ejemplos de los beneficios del taichi para la salud, entendiendo la salud en su sentido más global e integral (física y mental). Podríamos mencionar que también ayuda a regular la tensión o presión arterial, evitar el exceso de grasa en el cuerpo, favorecer la circulación sanguínea y el correcto funcionamiento del sistema inmunológico, oxigenar el cuerpo, previniendo y mejorando problemas óseos como la artritis o la artrosis, y un largo etcétera.

Sólo practicando pueden llegar a sentirse estos beneficios, que no se buscan, sino que llegan solos como un regalo, fruto de una práctica constante, consciente y apasionada.