El Tai Chi como arte marcial y como defensa personal

Como ya he explicado en el apartado de mi breve currículum, antes de iniciarme en la práctica del Taichi había practicado múltiples artes marciales y deportes de contacto. Desde mi experiencia, muchas de las artes marciales que he practicado confunden dos conceptos que, a pesar de estar relacionados, tienen diferencias significativas. Estos conceptos son los de arte marcial y defensa personal.

Si atendemos a los términos que componen estos conceptos, hallaremos estas diferencias. Por un lado, el arte marcial se compone de “arte” y “marcial”. Se trata de un arte. El arte es algo que sublima un aspecto de la realidad, y lo intenta hacer bello. En este caso, se trata de embellecer el fenómeno de la lucha o el combate. En este sentido, el arte marcial busca ser refinado, sofisticado, perfecto en sus ejecuciones. Por otro lado, el arte tiende a estipular movimientos o prácticas que se convierten en patrones que permiten comparar el nivel de excelencia de los artistas. Por tanto, cada arte marcial tiene sus patrones o técnicas, y el practicante debe aprender a ejecutarlas con precisión.

Por otro lado, el término “marcial” remite a la lucha o el combate. El concepto de combate, de por sí, presupone una competición, en la que hay un ganador y un perdedor. De ahí que la inmensa mayoría de artes marciales diseñen juegos o combates simulados con reglas preestablecidas, que permiten puntuar a cada contrincante, y determinar de una forma más o menos objetiva quién ha sido el ganador.

Por otro lado, el concepto de defensa personal se compone de los términos “defensa” y “personal”. Empecemos por el último término. Personal quiere decir que no se trata de imitar a nadie ni intentar ejecutar técnicas preestablecidas. Más bien, se trata de conocerse a uno mismo y saber cómo reacciona nuestro propio cuerpo en situaciones de estrés y ansiedad como son las situaciones de potencial agresión. Por tanto, cuando uno entrena defensa personal debe dejar de lado las técnicas practicadas y escuchar al propio cuerpo y guiarse por la propia intuición. Evidentemente practicar técnicas marciales puede ayudar a desarrollar esa intuición, pero no es suficiente. Hace falta un entrenamiento específico y una regulación del estrés y la ansiedad independientes de la práctica marcial.

Por otro lado, el término defensa se aleja de la connotación competitiva del término marcial. Defensa quiere decir luchar por sobrevivir, ahuyentar al agresor de un modo u otro. En este sentido, la actitud mental es muy diferente. La defensa implica utilizar cualquier elemento del contexto que pueda ayudarnos, y olvidarnos de cualquier tipo de regla preestablecida. En un contexto real todo es posible, y, a diferencia de los combates simulados, el agresor o agresores no van a ceñirse a un conjunto de movimientos o técnicas que más o menos podemos esperarnos.

Qué consecuencias tiene todo esto a la práctica? Pues bien, desde mi experiencia, puedo decir que muchas artes marciales explotan mucho el entrenamiento propio del arte marcial, y descuidan el aspecto relacionado con la defensa personal, que al final es, a mi juicio, el más importante. Esto se refleja en el hecho de que muchas artes marciales practican técnicas, y luego los alumnos intentan aplicar esas técnicas con mayores niveles de agresividad y precipitación para demostrar que podría servirles en una situación real de agresión. Para mí esto es una confusión de los dos conceptos, y en mi práctica del taichi he intentado corregir este problema diseñando entrenamientos específicos para el arte marcial (más analítico y basado en técnicas de derribo, luxación, golpeo, etc.) y entrenamientos específicos de defensa personal (más sintéticos o intuitivos, basados en el autoconocimiento y la conciencia de lo que nos rodea y de las posibilidades reales de acción en cada caso).

Espero que la diferencia haya quedado clara, aunque solamente con la propia práctica uno entiende realmente y en primera personal la diferencia.